miércoles, 27 de noviembre de 2013

#93

Escribo para los parásitos sociales, esos que todos dicen nunca servirán, para los indigentes, los perros callejeros y los niños que duermen debajo de la gran ciudad, para los que nadie recuerda; incluso ni saben que existían.

Para los malnacidos, los malditos, los poco probable e inútiles en ésta sociedad. Escribo para los que nadie se atreve a llamar, horribles, desgraciados, borrachos sin sentido, sin rumbo ni dirección, ni día ni vida.

Escribo para el excremento, para el cielo y la lluvia y los animales que mean el lugar donde duermo, escribo para los vagabundos, los olvidados, los gusanos, las cenizas y el llanto, porque de esos nadie quiere saber nada.

Escribo para ellos porque me place, me hace feliz y soy parte de ellos también.



miércoles, 20 de noviembre de 2013

La mujer mas guapa.

Era la mujer más guapa que nunca había conocido. Tenía esa esencia de mujer única y especial. Yo la veía a lo lejos, la disfrutaba con la vista, la olía a distancia y veía su linda sonrisa con ese cabello largo y negro que deliciosamente paseaba por su espalda y recorriendo sus hombros. Con su maquillaje fino, con sus pestañas largas y rizadas y sus ojos con una chispa que nunca había visto en alguien.

Sabía que ella tenía algo especial, es inteligente y bonita. Piel blanca tornasol, un lindo aretillo en la nariz y unos dientes preciosos, aparte de las pequeñas pequitas que asomaban en su carita.

Su boca dibujada con delicadeza, pasando un pincel sobre cada rayita que habita en sus labios formando bellas letras que dicen libertad.
La vi y me gusto tanto, estaba en su entorno; salvaje. Entre toda la gente a su alrededor que inconformes gritaban su sentir.

La vi con su pantalón ajustado a esas curvas que tanto me gustaron, que quizá no entran en el estereotipo acostumbrado pero a mí me fascinaron.
Su tierna barriguita la vi a través de su camisa, me dieron ganas de frotarme en ella, descubrir poco a poco su ombligo y cada uno de los vellitos de su piel. Me dieron ganas de olerle el cuello y su cabello que seguro tendrá un olor indescriptible, nada puede compararse con su feminidad y con el erotismo que emana.

La vi con sus ojos cafés y sus piernas perfectas alejándose, no puede evitar esa noche; soñar con ella y con su encanto.

La luna y ella se apoderaron de mi esa noche, bajo el encanto del sueño la vi, como la vi unas horas atrás, tan atractiva, tan comestible y deseable; apetecible es lo correcto.

La llevaba lejos, caminaba delante de mí con su pelo negro meneándose por su espalda, me daban ansias, quería tocarle todo, y aspirar su olor para recordarlo siempre.

Ella iba despacio, moviéndose, como queriendo provocar y lo lograba. Entramos a una habitación, sorpresivamente me beso y correspondí ese beso que tanto había esperando, quite su blusa, besé sus hombros, ella me toco el pecho; los senos. Su boca era tan suave como la imagine, incluso un poco más, me veía acariciando su espalda desnuda, los vellos de su espalda estaban erizados y la expresión de su cara era lo más pasible que podía imaginar.

Tendida sobre la cama, lamí sus muslos bien formados, su sexo perfecto era el espejo del mío, así la vi, tranquila disfrutando de lo que yo quería ofrecerle, besé su cuello más, bajé hasta llegar a los dedos de sus pies, era tan rica ella, que no podía pensar en que era mi primera experiencia lésbica.

Sus manos eran perfecto instrumento de perversión, sus labios eran perfectos, eróticos, calientes, me gustaban tanto como ella completa, desnuda sobre el lecho no dejaba de respirar entrecortado, y de decir que le gustaba todo eso. Con su piel desnuda y blanca rozando las sábanas me atraía más y más, ella parecía una diosa bajada de otra constelación, parecía indefensa y tan tierna, y con su cabello encima de la almohada, esparcido se veía como toda una linda señorita apunto de conocerse a fondo.

Se veía tan espectacular, digna de grabarla a fuego en la mente, como la mujer más guapa en un estado de ebriedad pasional. Aún puedo verla con sus pechos al desnudo y su cara angelical esperando a ser devorada por unas manos que le ofrecen caricias; las mías; locas y apasionadas.


Luego desperté del bello sueño, esperando se vuelva realidad…



viernes, 15 de noviembre de 2013

#4

Tu emoción apagada en el cenicero
no eres más que el humo que inhalas
y la risa que brota instantánea.

Te acaricio el cabello
porque sé que no lo haré más
aspiro tu fragancia; tu pasado
huele demasiado bien.

Buscas la mirada del perro
que codicioso robo tu botín
buscas la mirada perdida
que se fue tras ese tesoro
y no se preocupo por lo ajetreado
que dejaría tu sentir.

Las nubes conversan
se ponen de acuerdo para lloverte
mientras lloviznas dentro de mi
mi cintura y mi sexo
se ponen atentas a hacerte feliz.

Se menean y contraen
queriendo exprimirte la tristeza
mi lengua lasciva probó tu angustia
y mis huellas dactilares se quedaron
marcadas en tu cara.

El único cómplice para interrogar
es el alcohol ingerido:
el eclipse que se forma en tus ojos
nublando el sol de tu mirada
mostrando los temores de la madrugada.

Siguen resbalando tus lamidas
por mi mejilla
tu aliento rozando mi oreja
tus besos estacionados en la calle
siguen ahí.

Es difícil contar cuantas caricias me diste
que ya volaron de mi cintura
y de mis senos; se me dificulta
con claridad recordar tus facciones
que gemían sobre mi espalda.

Sigues siendo surreal
al atravesar la avenida
al subirte a la nube de historias
que trafica con el cemento.

Aún siento tus labios en mi cara
y tus manos en mi alma
ahora eres el humo que inhalo
y yo; tu risa que brota espontanea.







viernes, 8 de noviembre de 2013

El derrumbe de un imaginario.




"- Discúlpeme, lo nuestro no puede ser. Yo amo volar y usted es como un árbol, fincado, arraigado. 

- Que mal que usted piense eso, que hasta un pájaro necesita de su raíz y posarse en un árbol para hacer crecer sueños. Como un árbol necesita echar sus hojas a volar para que reverdezca más."



jueves, 7 de noviembre de 2013

La ciudad más feliz.

La gente ríe contenta por la plaza
sin preocupaciones
se ve feliz.

Miro para todos lados
complotean para hacerme sentir miserable
como lombriz siendo partida en dos
retorciendo
formando a otra.

Me veo como caricatura difusa
en un charco de memorias
soy poco o nada
de lo que prometí.

Soy como pintan en cuentos
una nube gotea sobre mi
llovizna cuando apareces
llueve y graniza cuando te vas.

Siempre hay un lazo colgando
o unas navajillas de afeitar
un revolver en mi mano
o una silla para saltar.

La gente sigue feliz
caminando por la plaza del domingo
evadiendo su realidad
fingiendo no ser lo mismo
que los demás.

Y mi nube sigue goteando
agua con sal
no hay cielo ni luna
sólo mi tristeza uniéndose con la mar.





miércoles, 6 de noviembre de 2013

El roce de tu cuerpo.


(…) Abrázame, estrújame contra ti– decía él acariciando la cara de su compañera que sonreía dulcemente –hazlo…

Con el sólo roce de su cuerpo se le erizaban los vellos de los brazos y de todo su ser. Ellos estaban abrazados disfrutando de una noche invernal, en la habitación empañados en sudor por su propio calor.
No eran necesarias las palabras pues el amor se esparcía por todo el cuarto, incluso salía por entre las rendijas de las ventanas y la puerta. Navegaba por el mar de los ojos de los dos que se veían como quiénes nunca se han visto en años.
Ambos se comían con la mirada y los besos eran su postre favorito, sus manos eran los utensilios necesarios para devorarse a caricias. En el cuarto reinaba el olor de los amantes locos y desquiciados que nunca saben cómo o cuando van a parar.
Para ellos la cama era un universo entero donde podían ser viejos y tomarse de las manos nada más, vivir locamente el impulso de los jóvenes y amarse con frenesí hasta la madrugada o ver el sol partir del horizonte, pero sin duda la mejor etapa era juguetear como niños, entre risas y cosquillas sin parar.
Para esos amantes no había ayer ni mañana, sólo buscaban su mirada y sentirse confiados de cómo podían amar. Beber de las infinitas aguas del placer e ir contracorriente, pasearse por el jardín más hermoso y probar ambos sus sexos siendo la hora que fuese.
Él era como un gato; juguetón y mimoso, ella era el consecuente a los mimos que él le ofrecía. Sus dedos vagaban por su cabello ofreciendo caricias en su nuca y él se reflejaba en sus ojos color café de ella.
Sus manos se deslizaban pacíficamente por su rostro de él, le hacía cerrar los ojos, mantener la calma, le contaba sus sueños e ilusiones y volvía a empezar con el tema principal; haberlo encontrado después de pasarla mal. Le contaba que era precioso su existir, que sin él no sabría cómo vivir.



Sonreía mientras decía que podría sonarle exagerado el hecho de que no sabría cómo vivir sin él pero era verdad aunque no sabría explicarlo ciertamente.
Bajaba a su boca y le rozaba con la yema de los dedos, sabía que las líneas de sus labios encajaban perfectamente con las huellas dactilares y las líneas de su mano.
Le miraba con sus ojitos cerrados y su cara tranquila mientras se enamoraba más de él.  Él recorría los muslos de ella, como un ciego leyendo braille, su tacto era tierno y a la vez caliente. La acariciaba lentamente como si deseara contar cada uno de sus vellos, memorizaba cada parte de ellos, sentía la tinta impregnada en su piel, y volvía a empezar desde su rodilla.
Luego subía de pronto hasta los hombros, con su palma suave recorría las marcas que tenía, pasaba de nuevo por la tinta, subía a su cuello y ella sintió ganas de tenerlo más cerca de lo que ya estaban. Lo estrujaba fuerte contra ella, amándolo cada vez más, sus senos rozaban con el cuerpo de él que subía de temperatura intensamente.
Ahora el cuarto estaba más que infestado de amor, el olor recorría toda la casa y los amantes lo sabían porque lo disfrutaban.
Él comenzó a tocar el punto que a ella; físicamente, le agradaba más, rodaron abrazados por la cama, sus manos de él se posaron en sus hombros que estaban comenzando a empaparse del sudor. Se miraron a los ojos, él ahora habitaba todo el cuerpo de ella, con sus manos surcando su pecho y trazándolo puesto que todo pertenecía a él.
El sitio más hermoso de ella proyectaba el líquido que a él lo hacía sentir bien, bebió cuanto quiso mientras ella sonreía y ahora sus ojos de ella permanecían cerrados; era lo mejor que había sentido alguna vez.
Su cuerpo fiel a las caricias de él, empezó a erizarse cada vez más, sus vellos, sus pezones, sus poros, sus sentimientos.
Se tocaban al compás de una canción que sólo ellos escuchaban como aquellos locos bailando en el invierno desnudo, donde sus cuerpos no tiritaban de frío y hacían fundir la nieve en agua azucarada.


Él bailaba sobre su cuerpo haciéndola sentir dichosa, como nadie nunca lo había hecho. Era un baile único y especial, inventado para ellos dos que se amaban y emanaban el mejor de los sabores conocidos, alcalino, de hacer el amor.
El roce de su cuerpo era como un torbellino, un huracán encendido. Él era el viento fuerte y ella la enramada. Era un volcán en plena erupción, brotando lo mejor de si sobre su cuerpo que siempre busco eso.

Ahora no sólo había amor, también había lujuria y pasión navegando con ímpetu en el cuarto, haciendo crecer más y más el amor, moviendo cortinas, haciendo temblar la cama y los cuerpos que se unían en uno solo, los gemidos eran la música que harían nacer a los pajaritos que luego huirían del nido haciendo sus propias melodías. 


                                                                                                                                     


martes, 5 de noviembre de 2013

Una noche vieja mas.

Todo vuela
no hay marcha atrás
tu lluvia me acompaña
me moja y susurra
que nunca volverás.

Nos equivocamos
quisimos volar
sin antes aprender a caminar.

Prometimos cosas
que sabíamos; nunca podríamos
hacer realidad

Aún sigo esperando con ansias
una noche vieja a tu lado
y nada mas.

Como un reloj descompuesto
se olvidaron las caricias
y los besos
nunca cumpliremos promesas
que creímos selladas en fuego.

Eres música que sólo yo escucho
y en mi desesperado intento de tenerte
te he guardado en cada uno de mis poros
con esta poesía que nunca leerás
intentó sepas un poco de mi
y que con tu olvido sufro.

Ha pasado una noche vieja mas
y el frío arrecia mi corazón
hasta volverlo helado
como un témpano de hielo añejado.

La tinta de tus cartas
y tu rostro se ha borrado
la melodía suena muy tenue
con el avance del tic tac del reloj
y del polvo que esta a su alrededor.

Ya no miraré nunca tus pupilas
y el calendario no avanzará
no me tocarás
no hay suspiros para mi boca.

Es tiempo de huir
de tu recuerdo y decepción
tus pinturas no son un porvenir
ni tus manos un escondite de amor.








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Septiembre 2012: Mes de poesía experimental.

Noviembre 2012: Mes de Unión y Solidaridad/ Trabajos enviados por compañerxs.

Febrero 2013: Mes de cuentos eróticos.